miércoles, 9 de abril de 2014

LAS ESCULTURAS DE ROTHÉNEUF, ADOLPHE JULIEN FOUÉRÉ, EL ERMITAÑO QUE ESCULPÍA ACANTILADOS.


Como decía mi abuelo “Si es que hay gente para todo”… incluso para esculpir acantilados. Este es el caso de Adolphe-Julien Fouéré, más conocido en la zona francesa de Rothéneuf como “El ermitaño” o “el Ex rector”, y ésta es su peculiar historia.
Adolphe-Julien Fouéré nació en Saint Thal (Francia) en el año 1839. De su juventud no hay nada que sea de destacar. En 1863, con veinticuatro años, fue ordenado sacerdote  y asignado a Rothéneuf, situado entre Mont-Saint-Michel y el estuario de Rance, en la Bretaña francesa.
En 1870 sufrió un accidente cerebral que le dejó sordo y mudo, y por tanto incapaz de seguir ejerciendo su ministerio sacerdotal. Aceptando lo que consideró un designio divino se retiró como ermitaño a la Costa Esmeralda, a unos cinco kilómetros de la localidad de Saint-Malo.

Gran aficionado a la historia, se empapó durante años de la historia local, en la que abundaban los mitos relacionados con piratas, contrabandistas y nobles sanguinarios, muchos de ellos relacionados directamente con la familia Rothéneuf, conocida en toda la región desde final del siglo XVI y que incluso le ha dado nombre a la zona. El clan Rothéneuf fue conocido mucho más allá de la Bretaña por sus hazañas y fechorías. Contrabandistas, ladrones  y traficantes sin escrúpulos que durante muchísimas décadas fueron dueños y señores de toda la cosa entre Mont-Saint-Michel y Saint-Malo, hasta que fueron exterminados por las tropas revolucionarias. Incluso existe una leyenda que cuenta que el jefe del clan murió luchando contra un monstruo surgido de las olas.