domingo, 17 de febrero de 2013

Entresemana ¿Dónde está el rector? Por Moisés Sánchez Limón

MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN
Llama la atención y preocupa el desdén con el que la máxima autoridad de la Universidad Nacional Autónoma de México ha tomado el caso del Colegio de Ciencias y Humanidades, violentamente activado desde el plantel Naucalpan por un puñado de delincuentes que se asumen estudiantes.
¿Será que el rector José Narro ha medido el riesgo de entrar en una espiral de crisis que lo lleve a dimitir al cargo que ejerce en un segundo periodo? Sin duda el conflicto tiene aristas que van más allá del rechazo a un nuevo plan y programa de estudios.
Hay estudiantes que dicen que se ha mal informado a la prensa respecto de alguna otra causa del conflicto, como es el tema de la venta de drogas en el plantel y el comercio ambulante dentro del mismo, aunque es un secreto a voces que el narcomenudeo existe en escuelas y facultades de la UNAM, como igual el uso de salones para la venta de alimentos y hasta como dormitorio de supuestos estudiantes.
Pero, sean cuales fueren las causas de este nuevo conflicto que enrarece el clima en la Universidad Nacional Autónoma de México, no parece casual que ocurra al inicio de la nueva administración federal, es decir, del gobierno de la república, ni cuando el rector José Narro no ha aparecido, como es su costumbre, para poner orden.
Y es que, el conflicto surgido en el plantel Naucalpan del Colegio de Ciencias y Humanidades ya se centralizó en la Dirección General de los Colegios de Ciencias y Humanidades, a un costado de la alberca olímpica y a unos metros del edificio de la rectoría.
La postura del rector Narro ha sido de tolerancia, amén de abogar por el diálogo. Sí, pero resulta que cuando la situación se violentó y hubo agresiones de dizque estudiantes contra verdaderos estudiantes, maestros y trabajadores de la UNAM, el doctor Narro simplemente ha hecho mutis.
Bien vale preguntar, frente a este escenario que nada tiene de casualidades, de quién o de quiénes es la mano que mece la cuna en este conflicto. Porque la impunidad con la que se mueven los delincuentes embozados, no más de medio centenar por cierto, preocupa sobre todo en tratándose del campus universitario que ha sido caldo de cultivo para movimientos que trascienden a la UNAM.
Docentes, estudiantes y trabajadores sindicalizados han demandado públicamente la intervención de la autoridad civil y universitaria para frenar la que amenaza con convertirse en una escalada violenta que, a partir de un mártir fabricado, replique en otros centros de educación superior.
¡Qué fácil olvidaron la irrupción del movimiento #YoSoy132 en plena campaña presidencial! Preocupa el desdén con el que desde el gobierno federal y el de la capital del país, pero sobre todo desde la rectoría de la UNAM, se observa este asunto del CCH. Después no se llamen sorprendidos. Conste.