sábado, 1 de junio de 2013

falcotitlan Cecofam. Por Hugo Falcón Páez

El corazón de un infante reside en el amor de sus padres, hacia el mundo y la humanidad. Un beso, una caricia, un abrazo y unas palabras bastan para emerger del Universo y posarte en el Infinito.

El Centro de Convivencia Familiar Supervisada o Cecofam Acapulco (Unidad de Atención Jurídica Integral), es un bastión moral, ético y cívico. Más que nada emocional y físico. Es una ayuda y un aliciente para el padre o la madre que busca salvaguardar la condición de su hijo, hija o hijos. Se encuentra lo que se perdió y que alguna vez no se pudo recuperar. Ese es el propósito para la garantía de los derechos de los niños, ya que la Organización de las Naciones Unidas a través de la Unesco, indica que la obligación y la necesidad de convivencia es de los infantes hacia el padre o la madre, y no como muchos piensan que es de los padres hacia los hijos. La naturaleza misma lo marca, se debe obtener un balance entre el varón y la hembra, entre la mujer y el hombre, entre la dama y el caballero, entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Ya tres años trabajando en Acapulco por la armonía en casos de familias que han tomado la dura decisión de no serlo más. Sin embargo, la tarea es una amalgama entre los padres y los hijos, así como el Juzgado de lo Familiar que corresponda y el Tribunal Superior de Justicia del Estado, instrumentando al Cecofam, para articular a las trabajadoras sociales, el equipo de psicólogos, los administrativos y los directivos. Así lo ha conducido la directora del Cecofam, la psicóloga Claudia Ibet Navarrete Mendoza. En la distancia otros lo hacen desde sus trincheras pacíficas, como en Reynosa, Tamaulipas, o en el Distrito Federal, para sacar adelante a los niños y adolescentes, a los jóvenes y adultos del factor enemigo: la separación de un padre o hijos. El Poder Judicial en manos del magistrado presidente Jesús Martínez Garnelo, tiene la responsabilidad de aumentar la efectividad del reglamento, de sus principios y de su estrategia en combinación con otras instancias como el DIF Guerrero y Acapulco, Semujer e Instituto de la Mujer Acapulco, o el Centro de Apoyo Interdisciplinario a Víctimas (CAIV Chilpancingo y Acapulco) entre otras dependencias u organizaciones no gubernamentales. Para el progreso y la sana formación de los niños en caso de haberse deteriorado el lazo de un hogar, un matrimonio o una familia. Lo único que queda por subrayar es la condición que se profesa de padre a hijos, de madre a hijos, debe ser cabal, seguro, de protección, de orientación, de coherencia, de puntualidad, de condescendencia y sobre todo, de amor. Ya que hay madres o padres que no concilian su realidad, pues caen en lo negligente y autodestructivo. La lucha para que crezca la dinámica de las buenas costumbres recae en el respeto, y apartar a la violencia (verbal o física) de la persona. En el interior de los manuales, se debe adherir un ajuste sobre las consecuencias que un padre ejerce sobre los hijos cuando no asiste a la convivencia, al día y hora fechados. Así como a las terapias que organizan las psicólogas en el centro, pues la ausencia y el tiempo, es un recurso que atrasa la benevolencia de este tipo de acciones positivas en nuestro puerto y estado. El odio, el rencor o el miedo, así como el apego, la sobreprotección, desilusión, tristeza y la codependencia, o un patriarcado matriarcado enfermo, son oscuros caminos que debilitan el paso fuerte para sobrevivir en este mundo. El proceso de separación o divorcio es intenso, y se invierte paciencia, salud y capital, por lo tanto se debe ser flexible, o mejor aún, facilitar el paso a los padres que realmente sí cumplen por escrito y con hechos, dentro del convenio signado, en la triangulación entre Juzgado, Tribunal y Cecofam. Para que los padres y abogados, tengan la sensibilidad de que día a día se está haciendo lo justo con certeza. Las jornadas que el Cecofam habilita en ocasiones deben tener más difusión, y los Juzgados deben ya activarse contra los padres que se oponen a lo que implica la convivencia, esa que después de la felicidad otorgó un ser amado, y que el producto de esa alianza de sangre gestó y originó un bebé que lleva apellidos, así como la autoridad paterna o materna en su idiosincrasia. Biología y legalidad entrelazadas, este es un grito que se esconde entre los labios de individuos heridos y desatendidos. Hacer el bien debe ser un reclamo y una exigencia, un ecosistema que reside ya en las paredes del Centro de Convivencia Familiar Supervisada Acapulco. Recordemos que el equilibrio entre el mundo y la humanidad, debe ser.


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