Si un pensador puede estar
de moda, el del momento actual es el esloveno Slavoj Žižek. Nacido en Liubliana
en 1949, su obra se caracteriza por atender a los movimientos sociales y
culturales de hoy, desde una perspectiva en la que se abrazan Lacan y Marx, pero
donde no es extraño que se cite el cine de Lars von Trier, los dibujos animados
de la Warner Bros, los ensayos de Eliot o el éxito Gangnam Style...
Un pensador que escribe
para que se le entienda, y que odia aburrir. Acontecimiento, recién publicado
en España por Sexto Piso, es la última entrega de una producción incesante.
Al teléfono, Zizek es un
conversador entusiasta, que apenas necesita el estímulo de una pregunta para
lanzar su discurso y derivar de una reflexión a otra, sin perder nunca el hilo.
Es fácil imaginarlo al frente de un aula, fascinando a todo el auditorio.
Se le considera como el gran filósofo de la izquierda en Europa. ¿Es
una pesada responsabilidad?
Sí, pero porque mi mensaje
es pesimista. La izquierda está aún sumida en una profunda crisis, y lo único
que nos puede salvar es una nueva izquierda. Las protestas que estallaron en
todas partes hace dos o tres años, estaba claro en contra de qué estaban. ¿Pero
a favor de qué? ¿Una idea keynesiana? ¿Una reforma del capitalismo? Yo puedo
lanzar preguntas, mostrar qué es lo que no funciona hoy, perfilar problemas,
pero no tengo respuestas concretas.
Uri Avnery dijo que la izquierda israelí necesita empezar de cero,
evitando el error del que quiso deshacerse de un bumerán y lo lanzó…
Totalmente de acuerdo.
Como dijo mi amigo Alain Badiou: el siglo XX ha terminado. Todas las formas de
izquierda del siglo XX, el comunismo estalinista, el Estado de bienestar
socialdemócrata, pero también todos estos sueños secretos de democracia
directa, movilización permanente, consejos de comunidades locales donde la
gente se autoorganiza…. No creo que nada lleve a una solución.
¿Cuál ha sido el punto crítico?
Pues que no solo en
Europa, sino en cualquier parte, algunos políticos o partidos de izquierdas más
radicales llegan al poder y la gente está llena de esperanza, piensa que las
cosas pueden mejorar, pero luego hay una desilusión. Por ejemplo, Sudáfrica.
Todos éramos felices cuando el Congreso Nacional Africano de Mandela llegó al
poder; y tal vez ahora las cosas estén un poco mejor. Pero todos los problemas
siguen ahí. Lo mismo con el populismo latinoamericano. Europa lo mira: allí
tienen la fórmula… ¡No, no la tienen! Yo nunca me he fiado de ese modelo.
Pero sí pone su esperanza en Alexis Tsipras, del partido griego
Syriza ¿verdad?
Sí, ¿sabe por qué? Estoy
harto de esa izquierda marginal que no solo sabe que nunca llegará al poder,
sino que secretamente ni siquiera lo desea. De Syriza admiro esa seria voluntad
de gobernar, de jugar. Pero las cosas serán extremamente complicadas para
ellos. Pongamos que gana las próximas elecciones. Tendrán en contra a una
enorme mayoría del aparato del Estado; porque Grecia es un gran Estado
clientelar, donde dos millones de personas son empleados públicos, con sus chanchullos.
Pero deberían ser valientes, intentarlo. Como Napoleón: On attaque, et on verra.
Atacas y luego ya verás.
¿Les pide la izquierda algún consejo a ustedes, los pensadores?
Muchos se dirigen a
nosotros, esperando que en algún momento daremos la gran respuesta. No, no
tenemos la fórmula. Mira al grupo de izquierda moderada más popular de ahora,
Krugman, Stiglitz, cercanos a los keynesianos… Lo que dicen es muy modesto.
Quieren el mismo capitalismo, un poco reformado, con una salida de emergencia
para los ricos. No creo que esto vaya a funcionar. Ni siquiera creo que sea
posible hacerlo.
Desconfía de la democracia básica y asamblearia. ¿Sigue el
movimiento de Pablo Iglesias?
Sí, yo soy un gran
oportunista. ¡A intentarlo siempre! ¡Todo! Y mientras se vaya haciendo, puede
que surja algo nuevo, aunque no sea lo que te esperabas. Dirá usted: si soy tan
pesimista ¿para qué empezar algo? Porque de verdad pienso que el capitalismo,
se ha cavado su propia tumba. No creo que haya una catástrofe inmediata, pero a
largo plazo… Lo que hay en el horizonte es la desaparición gradual de la
democracia. No hablo de un golpe fascista, sino de que los mecanismos
democráticos son cada vez más irrelevantes. Para decirlo en forma de chiste:
Hollywood lo sabe. Todos sus grandes éxitos, últimamente, Los juegos del
hambre, etcétera, son una visión de una sociedad nueva de clases,
postapocalíptica, con apartheid, con organismos ricos depredando a los pobres.
Es una tendencia mundial. La ecología… CÓMO SE RESUELVE eso?
Difícil, muy difícil…
Casi no hacemos nada.
Incluso la propiedad intelectual, me parece interesante. Ya estamos entrando en
una fase de comunismo salvaje en este aspecto. La gente se baja de internet
películas, música, normalmente copias piratas, ilegales. Pero no sabemos cómo
reorganizar la economía legal. ¿Cómo coordinarlo, quién lo controlará? Veo
muchos problemas. Y no veo soluciones. Esta es mi posición trágica, si quieres.
Carencia de coordinación y control, ¿no sería más anarquismo que
comunismo?
Ah, no… No olvidemos: para
que funcione lo de la propiedad intelectual se necesita una estructura de
mecanismos globales muy potentes. No, creo que nuestro problema hoy día no es
la democracia local. Nuestro problema son las nuevas formas de organización global.
¿Cómo tratar la ecología? No a través de iniciativas locales. Dios, necesitamos
iniciativas globales megagrandes, mucho mayores que un único Estado.
Niall Ferguson dijo que la globalización hoy día no hace más que
recuperar el nivel que había a finales del siglo XIX, época colonial, cuando
mercancías y personas viajaban por todo el mundo.
Sí, pero al mismo tiempo
es algo muy paradójico. Me gusta lo que escribió mi amigo, por otra parte más
bien de derechas, el filósofo alemán Peter Sloterdijk: que la globalización no
es simplemente que todos vivimos en una aldea global, sino que también es como
un globo, un espacio cubierto, aislado. Algunos están dentro, la mayoría fuera,
pero no tenemos realmente contacto con ellos. Los bienes circulan cada vez más,
pero para las personas, incluso tras la caída del Muro de Berlín, ahora surgen
por todas partes nuevos muros. En África del Norte, el Muro de Cisjordania, la
frontera de Estados Unidos con México, etcétera. Capitalismo global significa
nuevas formas de apartheid.
Y la vieja consigna comunista de Obreros del mundo uníos ¿ya no
vale?
El problema es: quiénes
son hoy esos obreros. El primer paso es identificarlos, ubicarlos. Ya no es una
única clase obrera, como para Marx. Sabemos que tenemos cada vez a más personas
en paro, trabajadores precarios… Por decirlo de manera irónica, hoy la posición
de un clásico obrero explotado –vale, te explotan pero tienes un empleo estable
con un salario garantizado– es casi un privilegio. He ahí el primer problema.
Deberíamos incluir a los que están fuera. No sólo a los inmigrantes
indocumentados sino a los parados de larga duración. Creo que en las protestas
en España, en Grecia, incluso en Francia e Inglaterra había muchos estudiantes
que sabían muy bien que sus estudios no les iban a servir gran cosa. Deberíamos
dirigirnos a todos estos grupos descontentos.
¿Y a quién más?
Luego está el problema de
los así llamados trabajadores intelectuales. Los marxistas siempre tenían ese
problema: ¿son o no son parte del proletariado? Yo creo que sí. Algunos
marxistas antiguos insisten en que uno debería trabajar físicamente, que eso
sería la única clase trabajadora auténtica. Por otro lado, Toni Negri y sus
amigos dicen que los intelectuales son los típicos proletarios de hoy en día. No,
yo creo que el proletariado está disperso, no se puede encontrar una forma
pragmática.
Da la impresión de que el proletariado clásico, físico, es hoy quien
más vota a la derecha. ¿Lo cree así?
Los partidos ex izquierda,
como New Labour en Inglaterra, incluso los socialistas en España, tienen un
terrible miedo a que se les vea como anticuados. Y conozco a la clase obrera
que trabaja duro, físicamente, y es comprensible por qué votan a la derecha:
sus competidores más inmediatos son los inmigrantes. Son los votantes ideales
para partidos conservadores antiinmigración. Es fácil hacer teorías sobre cómo
deberían verlo, pero en su experiencia inmediata, los inmigrantes significan
competencia.
¿No es el fracaso del llamamiento a la unión de los trabajadores en
todo el mundo?
Sí, pero hasta Marx se
daba cuenta de esto. No creo que podamos conseguir la unidad a la antigua
usanza. Deberíamos aceptar esa pluralidad. Mire los últimos resultados
electorales de las europeas. ¿Ha visto qué catástrofe? En países grandes,
Francia, Inglaterra, el partido más fuerte que emergió era el antiinmigrantes.
La clase obrera es cada vez más nacionalista, antiinmigrantes, hasta cierto
nivel. Cuando más subes de nivel de capital o de privilegios intelectuales, más
la gente puede permitirse ser liberal, multicultural. Los izquierdistas que
piensan que al combatir el racismo están al mismo tiempo combatiendo el
capitalismo… bueno, quizás a largo plazo. Está en el interés de los grandes
capitales permitir la entrada a trabajadores inmigrantes. Porque así se
presiona a la propia clase trabajadores, hay más competencia, se bajan
salarios, etcétera.
Y esa presión es mayor aún si los inmigrantes son indocumentados
¿no? Los legales tienen los mismos derechos que los demás; los ilegales mucho
menos.
Sí, y creo que esto es
otro punto crucial para la unidad. Es como funciona el capitalismo. No se puede
tener a todos los trabajadores disfrutando de plenos derechos. Algunos están
dentro, otros están fuera. Los legales tienen derechos, pero luego tienes los
ilegales, y luego tienes trabajadores baratos, aunque no ilegales, en Turquía,
en India, en China… y hay competición entre ellos. No creo que el orden global
realmente quiera abolir esa separación. Como Estados Unidos ante México: sí, se
quejan que hay demasiados inmigrantes mexicanos, pero si vas a otro Estado,
como California, allí juegan un papel crucial los mexicanos ilegales. Todo el
mundo los utiliza, como jardineros, para trabajos locales, recoger fruta en
verano, etcétera. Son parte de la economía. Y no creo que el capitalismo sea
capaz de resolver esa situación legalizando a los inmigrantes. Significaría
demasiados conflictos. Otra paradoja: cuanto más global sea, más se convierte
en su propia víctima, más antagonismos y más tensiones crea.
Si las viejas maneras de la izquierda ya no funcionan….
Pero también cuento entre
las viejas izquierdas las llamadas “izquierdas de tercera vía”. El Nuevo
Laborismo y eso. Creo que lo que emerge cada vez más es: un partido centrista,
que económicamente es neoliberal, pero culturalmente habitualmente muy abierto,
matrimonio homosexual, aborto, lo que quieras, y luego la reacción a esto,
populista y antiinmigración. Que suscita pasión, pero una pasión muy peligrosa.
Y si no surge una nueva izquierda, estaremos atrapados en esa oposición. Ahora
estamos cogidos en Europa entre los tecnócratas de Bruselas, esta visión
tecnocrática de Europa, y luego los nacionalistas antiinmigrantes. Este es el
callejón sin salida.
¿Cree que esta izquierda completamente nueva que reivindica podría
surgir poco a poco, mediante elecciones, como Syriza en Grecia, o sólo a través
de un cambio radical, algún tipo de cataclismo?
No soy tan pesimista.
¿Alguien se habría esperado algo como Syriza hace diez años? O mire a… no sé, a
la Primavera Árabe. Puede que sea la mejor metáfora para nuestras esperanzas y
nuestros temores. Explotó algo que nadie se esperaba. Un movimiento radical,
prodemocrático, casi laico. Pero terminó de una manera muy paradójica: cuando
se introdujo un poco de democracia más auténtica, los Hermanos Musulmanes
tomaron el poder en las elecciones. Y el resultado es que muchos manifestantes
originales de Tahrir apoyaron el golpe militar. Este es nuestro callejón sin
salida.
Imagino que usted se sentía feliz cuando veía las imágenes de
Tahrir.
¡Totalmente! Contacté con
ellos, les seguí… Desde el principio, yo tenía miedo: parecía que estaba todo
el mundo en la calle y todo eso. No, no eran la mayoría, en realidad. Según
algunas estimaciones, un máximo del 20 por ciento de la gente participaba realmente
de forma activa. Creo que éste es el límite de nuestras democracias. No tengo
miedo a decir cosas terribles. No creo que lo de “la mayoría del pueblo”
funcione. No creo que la izquierda auténtica vaya a ganar las elecciones. No,
no soy leninista, no digo que haya que dar un golpe de Estado. Debemos aceptar
que quienes realmente mueven cosas son una minoría activa. Lo único que podemos
hacer es tener la esperanza de que la mayoría silenciosa nos dé una
oportunidad.
Usted ha hablado alguna vez de esa idea, según la cual la masa no
tiene por qué saber qué quiere sobre todos los aspectos, en todo momento.
Para algunos izquierdistas
es horrible escuchar eso. No creo que la mayoría de la gente quiera una
democracia activa. Quieren una vida tranquila, que las cosas sencillas
funcionen en silencio. Voy a ser brutal. Tengo un problema con los partidarios
de la llamada democracia directa: piensan que a un nivel local, todos
deberíamos estar movilizados, permanentemente activos en política…. Pues
perdone, pero a mí no me gustaría vivir en una sociedad así. Mi sociedad ideal
es una donde me dejan en paz, y yo me puedo dedicar a mi trabajo, la Filosofía
o lo que sea.
Ahora llega esta mayoría silenciosa, concluido Tahrir, y le da su
oportunidad a los Hermanos Musulmanes.
El problema es que al
votar a los Hermanos Musulmanes, la mayoría silenciosa ha hablado. Es la
demostración de que la izquierda laica siempre era una minoría. Y es el mismo
problema que en Turquía: la protesta por un parque [Gezi] en Estambul… Era claramente
muy limitada, de jóvenes de clase media laica pro Occidente; esto hizo surgir
algunos vínculos con islamistas de izquierda, pero en el fondo no. En el fondo,
Erdogan siempre tenía la mayoría.
Cuando en Egipto, Sisi llevó a cabo su golpe de Estado contra los
Hermanos Musulmanes ¿usted tenía su corazón en uno de los dos bandos?
No, porque yo era
pesimista desde el principio. Desde luego, lo bonito habría sido que los
manifestantes laicos se organizaran en un movimiento político que de alguna
forma se enfrentara a todos los peligros, los Hermanos Musulmanes y los
militares. Pero viendo la situación global, esto no funciona. Por eso no estaba
demasiado triste, me lo esperaba. Ahora, lo crucial en Egipto es mantener
ciertas formas de organización popular: sindicatos, feministas, estudiantes,
derechos de los niños etc. Y creo que las redes de las que me hablan todos mis
amigos en Egipto son el resultado que permanece y que impide volver a los
tiempos de Mubarak: la sociedad civil se ha despertado en Egipto. No es lo
mismo. Aquí hubo un progreso.